Profesor Dionisio De Cuadro
Godoy
Siempre mirando a la vieja Europa. Siempre admirándola.
Pero el hoy me obliga mi compromiso político a mirar a mi país, este Uruguay, el de la realidad, el de la continua apuesta al progreso, pero estancado, diría anclado, a un pasado que nos estigmatiza. Porque el hoy nos encuentra con un Uruguay polarizado, herido y con una democracia que ojalá fuera alimentada y sostenida con ideas y voluntades que la perpetúen, acorde a nuestros valores fundacionales.
El desafío permanente para construir, mi propio desafío, que región sí, que el bilateralismo también, todo el drama de la integración ante vecinos que nos ignoran.
Sí por supuesto a una integración igualitaria, y también a los acuerdos bilaterales, haciéndonos conocer ante el mundo, captando mercados y oportunidades para el crecimiento.
Las naciones, las verdaderas, permanecen y se sustentan con la rotación de partidos, la alternancia en el ejercicio del poder y escuchando todas las voces solidarias, con el objetivo, supremo, del bien común, de lo que llamo, la civilización identificatoria de cada estado.
Hoy nuestro país discute en el Parlamento, con cuatro voces, y eso me llena de orgullo. Más ideas, más matices, más aportes. Pero también encuentro a un partido que no quiere escuchar, que no respeta la diversidad ideológica, que no acepta la propuesta diferente, en definitiva, la voz de la oposición.
Ese partido, gobierna. Es legítimo su derecho, pero atiendo a un ideal, al ejercicio del poder con todos, porque de todos los sectores se alimenta el crecimiento, las leyes para la ciudadanía.
Grandeza para que una nación se proyecte al futuro es aceptar sin condiciones la participación en organismos o entes gubernamentales de control, por parte de los partidos que no gobiernan, pero que son actores fundamentales en la realización de ese ser esencial, nuestro país, nuestra identificación. El gobierno todavía puede invitar a participar, incluso en los ministerios, y grandeza es aceptar y construir para sanear y mejorar la “cosa pública”.
Y como parte de esas
voces ignoradas, hoy oposición, me rebelo, pero con humildad, con ganas
de aportar esencias positivas, con la herramienta del diálogo, con
el respeto y las formas que un ciudadano, ante sus iguales, debe obligarse.
El Partido Independiente, el que sin duda crece y se prepara para funciones de responsabilidad, es constructor de nuestro destino. Aporta con convicción sus puntos de vista, presenta alternativas válidas, muestra a sus integrantes actuando con coherencia, preocupados por el hacer, por el corregir, por estar en el camino revitalizando el sistema que encuentra hoy y para siempre a todos los uruguayos unidos: el sistema democrático, el que afirma un destino, el que consolida a una nación.