Por Joaquín Secco García.

El mundo desembocó en naciones ricas pero desiguales, y naciones equitativas pero pobres. Ambas, como nosotros, incapaces de generar bienestar. Siempre estamos en el podio del vecindario pero lejos de los mejores.

Especialmente no hemos sido capaces de organizar un sistema sostenible de competitividad. Inventamos una industrialización que nos hizo pobres y desiguales, pero todavía estamos viendo la manera de repetirlo. Algunos países crearon modelos de bienestar produciendo alimentos, pero a nosotros nos alcanzó solamente una primavera efímera y reprobada por un progresismo inconducente. Hoy vamos mendigando por fábricas de celulosa, zonas francas y a las órdenes para lo que se haga necesario. Los negocios mas rentables están libres de impuestos para siempre. Con la academia y el sindicalismo obrero a la cabeza favoreciendo un sistema basado en un sector público burocrático, bastante corrupto, dispendioso, sin controles y con procedimientos coloniales. 

Hoy tenemos mas problemas que hace tres años y todo pinta para que las dificultades se continúen. El proteccionismo de Trump es una amenaza seria para quienes no han sido capaces de mejorar la competitividad. La amenaza golpea mas a quienes no han creado sociedades de comercio para protegerse. Habrá condiciones para que se fortalezcan las carambolas proteccionistas. Nuestra fortaleza comercial se apoya en la producción de alimentos a la cual se la ha castigado de todas las maneras posibles y todavía falta la rendición de cuentas II. China ya asume una desaceleración severa de su economía y Europa no parece mejorar. En esta semana el FMI pronostica una caída adicional de la economía mundial debilitando el contexto. También se debe entender que los gobernantes deban hacer promesas optimistas que nunca se justifican suficientemente.

Especial atención se presta en el mundo entero a los compromisos políticos de Trump. Nuestros países latinoamericano serían capaces de dar clases del populismo que se empleó para ganar las elecciones de EEUU. Si alguna frase faltaba, se pronunció en el discurso de asunción. Trump y sus estrategas llenaron todos los espacios políticos y ganaron las elecciones con el nacionalismo, el control de las migraciones, el empleo, la industrialización y el proteccionismo. No se trata de que las condiciones estén cambiando profundamente porque ganó Trump, sino de haber entendido que Trump ganó porque entendió las necesidades de la coyuntura después de varios años de deterioro de la clase media. Son causalidades. No es que el mundo cambia porque ganó Trump, sino que ganó Trump porque el mundo había cambiado antes.

La globalización, especialmente la migración de la industria al Asia y especialmente a China y sus satélites es un resultado del capitalismo de elite. Nuevamente se fueron identificando vacíos de aprovechamiento de oportunidades que groseramente se entienden como que el desarrollo tecnológico no hacía necesario que los autos o computadoras se fabricaran en EE.UU. y que los procesos industriales se hicieran robóticos para ser comandados por trabajadores de cualquier nacionalidad. Fue Wall Street que organizó la fuga hacia Oriente y el desempleo de Detroit. Y esto hace sorprendente que haya sido Trump el encargado.