Por Pablo Mieres

El trascendido sobre las propuestas que el Frente Amplio está manejando para incorporar al proyecto de Rendición de Cuentas no hace otra cosa que confirmar el enorme grado de desorientación y pérdida del sentido de realidad que aqueja al partido de gobierno.

Las propuestas que se están manejando, en caso de adoptarse, llevan inevitablemente a un presupuesto irresponsable cuyo resultado no será otro que una fuerte afectación de las condiciones de crecimiento y prosperidad de nuestro país.

La receta es la de siempre. Gastar más, con total independencia de la calidad, eficiencia y evaluación de resultados del gasto preexistente y conseguir mayores recursos aumentando la carga tributaria sobre la sociedad.

En tal sentido, se plantea aumentar los gastos para la educación (sin evaluar ni reconocer el catastrófico fracaso de la conducción educativa del gobierno), incrementar el gasto en el sistema nacional de cuidados y otras áreas sociales. La cuestión es gastar más, no importa el resultado, ni el impacto.

No se les cae una idea para revisar el gasto preexistente, recortar excesos, reducir derroches, ajustar funcionamientos, reducir cargos de confianza, tomar decisiones firmes en las pérdidas de algunos emprendimientos públicos.

Nada de nada. Simplemente reclamar más recursos. Gastar, gastar y gastar; sin tregua ni medida. Sería buena cosa averiguar cuántos de los que forman parte de la conducción del Frente Amplio no son titulares de cargos de confianza o gestión en el gobierno. Seguramente son muy pocos los que no están a la sombra de un cargo público, consultoría, asesoría, contrato de función pública, etc. Entonces, creen que siempre se puede aumentar un poco más para engrosar el ya enorme aparato estatal.

Entonces, como a esta altura es obvio que no se puede volver a plantear nuevos aumentos impositivos directos sobre salarios y jubilaciones, entonces buscan gravar a los sectores productivos e, indirectamente, a todos los uruguayos.

Y en eso, sí, la creatividad no tiene límite. Toda la energía creativa inexistente para diseñar ajustes en el gasto público se aplica a inventar numerosas ideas de nuevos gravámenes.

Vuelve a plantearse la idea ilegal y, probablemente inconstitucional, de quedarse con los excedentes del FONASA, lo que en buen romance es una expropiación de ingresos sin norma que lo habilite, para un muy importante número de asalariados y jubilados.

Pero además se promueven varias iniciativas más que afectan la rentabilidad (en algunos casos ya inexistente) de los diferentes sectores productivos: aumentar el IRAE (que grava las rentas empresariales), el impuesto al patrimonio, el impuesto a las herencias (como si no existieran) eliminar exoneraciones en forma genérica a diferentes actividades productivas, instalar una tasa al uso del agua (que sería un golpe demoledor sobre todo el sector agropecuario, particularmente el arrocero y lechero), aumentar gravámenes a las transacciones financieras (en contradicción directa con el impulso dado a la inclusión financiera) y establecer nuevos impuestos a los premios de los juegos de azar.

Parece un concurso de Carnaval a ver quién propone la idea más novedosa para extraer recursos de la sociedad a favor de un gasto público sin freno y con muy escasos resultados.

Pero, además, esta lógica lleva, inevitablemente, a una situación macroeconómica cada vez más insostenible, al punto de poner en riesgo el grado inversor del país, así como la viabilidad de los sectores productivos y, seguramente, incrementar aún más el ya enorme déficit fiscal.

Habría que preguntar a los impulsores de estas ideas “creativas” si no encuentran algún vínculo entre el cierre de FANAPEL, por ejemplo, y la carga tributaria y los costos públicos que soporta la producción en este país. ¿No se dan cuenta que el aumento de la carga tributaria sobre los sectores productivos, en contexto de muy bajo crecimiento y con un Estado que ya aplica una presión onerosa a través de impuestos y tarifas públicas, sólo aumentará el riesgo de que más y más empresas cierren o reduzcan su plantilla de trabajadores?

¿No hay conciencia de que es necesario actuar con mucha austeridad, responsabilidad y cautela en un tiempo de dificultad y con un entorno internacional caracterizado por la enorme incertidumbre? ¿No se dan cuenta de que estas propuestas llevan a poner en riesgo el grado inversor y la capacidad del país de captar nuevas inversiones? ¿No entienden que estas opciones llevan a poner en riesgo el empleo de miles de trabajadores?

¿Será que viven en un mundo tan ajeno a la realidad? ¿No entendieron que terminó la fiesta? ¿No se dieron cuenta que estas actitudes son las mismas que llevaron a la insólita insolvencia patrimonial de la empresa pública más grande del país? ¿Qué más tiene que pasar para que asuman actitudes de responsabilidad?

Queda la esperanza de que el gobierno, que tiene muy poco poder de influencia sobre su bancada y su partido, mande parar y les explique las graves consecuencias de sus propuestas irresponsables. La otra opción es que ninguno de los que formamos parte de las diferentes oposiciones existentes, estemos dispuestos a dar su voto para esta barbaridad.