Por Juan Carlos Rodríguez

 

Confieso que para mi el tema del transporte colectivo comenzó a afectarme recién cuando vine a vivir a Montevideo en 1987. Es que donde nací y me crié no existía el “transporte colectivo”. Mis padres no tenían que acompañarme a la parada ni pagar boleto porque a la escuela rural Nº46 iba caminando y, cuando me tocó ir al liceo, recorría 12 km por dia en la “hondita 50” o a caballo .

Cuando me tocó “morir en la capital”, entonces aprendí el significado de “transporte colectivo urbano”, que en Montevideo era y es sinónimo de esperas prolongadas en las paradas, viajar apretado/hacinado/asfixiado, en un servicio lento, ineficiente y carísimo.

Claro que el transporte público en Montevideo mejoró sensiblemente desde que comencé a utilizarlo en 1987. Ya no están los troleys que se desconectaban a cada rato y en los que viajaba como en el “zamba” del Parque Rodó; es verdad que la flota es mas moderna, a veces nos toca un ómnibus limpio e incluso alguno con personal amable; tenemos la tarjeta STM y el boleto 2 hs que llegaron a Montevideo 15 años después que ya estaba en Madrid y mucho después que a Bs. As; eso también es verdad.

Seguramente estaremos de acuerdo que el transporte colectivo urbano es uno de los servicios públicos más usados por los habitantes de Montevideo, y sin embargo, llegando a casi las 2 décadas del siglo XXI mantiene las mismas características de finales de los 80: lento, ineficiente y caro.

Por si fuera poco, el crecimiento del área metropolitana ha provocado la extensión del problema hacia habitantes de Canelones y San José que diariamente se trasladan a Montevideo.

Esto lo sabía el hoy Intendente Martínez que durante su campaña electoral prometió  un transporte público de calidad porque moverse con dignidad es un derecho de todos. Prometió eliminar el dinero de los ómnibus y taxis, y hasta enunció un ambicioso proyecto que incluía el funcionamiento del tranvía (en Ciudad Vieja), un subte que recorrería tramos de manera subterránea y otros sobre la superficie, más sendas de bicicleta, semaforización inteligente y "bypass" para que vehículos avancen en dos niveles en arterias como Bulevar Artigas. 

Cuando el 9 de julio de 2015 asumió como Intendente, creímos que si bien nada sucedería de inmediato, comenzaríamos a ver señales hacia los cambios prometidos. Pero a casi 2 años de aquel dia, no existe nada de lo prometido, ni una mísera señal de los grandes cambios que el sistema de transporte capitalino iba a tener y necesita irremediablemente.

Por el contrario, en estos 20 meses de gestión del gobierno del Ing. Martínez, hemos asistido a la friolera de 3 aumentos en las tarifas de ómnibus y por encima de la inflación, medida que la IM justificó por la caída en la venta de boletos y la incidencia de los salarios de los trabajadores del sector.

Llevamos 27 años de gobierno frenteamplista en Montevideo y el transporte colectivo mantiene casi intactos los mismos problemas de hace 30 años: lentitud, incertidumbre sobre frecuencias y recorridos, pésima señalización e información sobre su funcionamiento, incomodidad de sus unidades, dispersión geográfica, destrato a los usuarios, deterioro ambiental, malgasto energético, y caro…demasiado caro.

Es imprescindible jugar fuerte y animarse a cambiar de inmediato y de manera radical el sistema de transporte, y hacerlo en clave metropolitana. Supone obras de infraestructura vial tales como un tren eléctrico Montevideo - Ciudad de la Costa, corredores preferenciales de alta velocidad y frecuencia para el transporte público, lineas distribuidoras barriales con boleto único... 

Nada de esto parece estar en la agenda del gobierno de Montevideo que prefiere seguir haciendo la plancha con el tema. Basta de bla bla bla!!