Escribe: Hebert Gatto

 

Cuando escribimos ya se conocen los resultados en escaños, aunque no

todavía los porcentajes precisos de cada formación. El balance es el esperado.

Rompiendo una secuencia sostenida, esta vez las encuestas no se

equivocaron. Los liberales de Ciudadanos obtuvieron la mayoría electoral con

37 bancas, lo que les llevó a aumentar su votación en alrededor de un 33% (en

las elecciones del 2015 habían cosechado 25 escaños), por lo que puede

señalarse que su avance es el más significativo de todo el comicio. Por su lado

los principales partidos independentistas, cuyos primeros candidatos se

encuentran presos o en el exilio, obtuvieron 66 bancas, mejorando en 4 su

anterior performance cuando se habían presentado en candidatura conjunta.

Se ha derrumbado el PP de Rajoy, mayoritario en el conjunto de España, que

redujo su participación de 11 a 3 escaños, mientras el Partido Socialista de

Cataluña, mejoró una banca, en un resultado positivo pero relativamente

anodino. Por su lado la CUP la izquierda antisistema de Cataluña se redujo en

más de la mitad (de 11 a 4), y Podemos, el partido de izquierda nacional,

ambiguo respecto a la independencia, bajó su representación de 11 bancas a

8, en un mal resultado.

Con estos guarismos, en el conjunto de la votación se reafirma un

panorama de alteraciones en las representaciones partidarias. La izquierda

catalana en su conjunto, bajó su presencia en alrededor de diez escaños,

aproximadamente una pérdida del 15% (mayor aún si no se incluyera al

socialismo). Porcentaje que favoreció al centro del espectro, representado por

Ciudadanos, quien absorbió la pérdida electoral del P.P. Ello permite afirmar

que el triunfador ideológico fue el centro que mejoró notablemente su

participación en relación a derecha e izquierda. Ambas con sensible pérdida

de adhesiones. En este panorama ningún partido tendrá mayoría para

gobernar en solitario, lo que exigirá, tal como venía ocurriendo, la formación de

coaliciones, algo posible si las formaciones de Puigdemont, Ezquerra y la CUP

consiguieran concretarla. Extremo probable pero no seguro, dadas sus

diferentes visiones ideológicas, sólo contestes en la secesión de Cataluña.

En relación a este tema, el panorama tuvo escasas variaciones. La

mayoría de la población, de acuerdo a las posiciones partidarias, la obtuvo el

españolismo que triunfó en las elecciones por un pequeño porcentaje (180.000

votos). Pese a que esta victoria no se refleje en la adjudicación de escaños.

Este resultado, si en la región primara la sensatez, implicaría que la

independencia quedara desde ahora definitivamente superada. No por la

escueta mayoría conseguida, sino porque estos comicios fueron una clarísima

demostración de que los catalanes están totalmente divididos sobre el tema y

que en tales condiciones, aún si se aceptara que por sí solos pudieran decidir

alejarse de España -extremo injusto e ilegal-, ello no sería legitimo en atención

a su propio pronunciamiento del 21/12. No es pensable una secesión cuando

más de la mitad de la ciudadanía la rechaza. Insistir en ella implicaría partir en

dos la región o someterla a una violencia interna impensable, sea cual sea en

definitiva, la forma en que se resuelva la formación del gobierno catalán. Un

tema de pura ingeniería electoral.